«Senda para este tiempo»: el espíritu indomable de la universidad en Vueltabajo
Hay hombres que cargan en su biografía el peso y la luz de las instituciones que representan. El Dr.C. Yorki Mayor Hernández, rector de la Universidad de Pinar del Río «Hermanos Saíz Montes de Oca», es uno de ellos. Nacido en el Central Manuel Sanguily, en el municipio de La Palma, en el seno de una humilde familia de origen obrero y campesino, su vida cambió de coordenadas cuando se graduó como Licenciado en Lengua Inglesa.
Tras unos primeros años como profesor en el Instituto Superior Pedagógico, en 1992 se trasladó a la Facultad de Agronomía de Montaña de San Andrés. Ese viaje a la montaña marcó su ingreso definitivo a la familia del Ministerio de Educación Superior (MES); un viaje que ya cumple 34 años de entrega ininterrumpida.
Mayor Hernández es hoy uno de los rectores de mayor antigüedad en el cargo en todo el país. Ha transitado por todos los eslabones de la vida universitaria: profesor, vicedecano, decano, vicerrector de dos áreas diferentes y, finalmente, rector por más de doce años, período en el que ha visto desempeñarse a cinco ministros. Su autoridad moral no emana del decreto, sino de la vivencia directa del sacrificio diario.
A propósito del 50 Aniversario del MES, dialogamos con este líder académico que, con absoluta nitidez política y madurez ideológica, desborda optimismo y define a la educación superior como un pilar inamovible de la soberanía nacional.
Una escuela de formación integral y patriotismo
—Rector, usted ha dedicado más de la mitad de su vida al Ministerio de Educación Superior. ¿Cómo recibe, desde lo personal e institucional, la celebración de este 50 Aniversario?
—Explico estos detalles de mi trayectoria para fundamentar mi criterio de que el MES ha sido para mí una escuela de formación integral. Llegué a este organismo con apenas 25 años y he alcanzado madurez profesional, política e ideológica. Es un organismo sumamente exigente con la preparación científica, pedagógica e integral de sus miembros. El sentido de la responsabilidad, la transparencia, el control, la cultura del detalle, de servir a la sociedad, entre otros, son valores que se exigen todos los días dentro del Sistema de Educación Superior.
En estos 50 años el MES ha sido puntal y baluarte del desarrollo del país. Pertenecer a este organismo entraña compromiso y entrega a la causa de hacer que Cuba avance y se consolide su sistema económico y social.
Con toda responsabilidad planteo que si la Revolución Cubana ha podido avanzar ante tanta presión y agresión por parte de los Estados Unidos ha sido, en buena medida, por el patriotismo y entrega de los profesionales formados en nuestro sistema de Educación Superior y por los claustros de profesores y los trabajadores de las universidades. Ellos todos los días hacen acciones heroicas para sostener la vitalidad de la Educación Superior, sin dejar de reconocer el tremendo papel que desempeñan en nuestra sociedad los estudiantes universitarios.
La FEU como organización ha significado muchísimo para el sostenimiento de nuestro sistema MES. Ahí están los científicos y los profesionales formados en nuestras universidades, que cada día, heroicamente, hacen porque Cuba avance.
Con toda sinceridad, sin chovinismo de ningún tipo y sin demeritar el papel de otros tantos organismos de la Administración Central del Estado, digo que el MES ha sido buque insignia de la Revolución Cubana en estos 50 años. Por lo tanto, para mí es un tremendo orgullo y un alto honor pertenecer a la familia de la educación superior cubana. Si pudiera volver el tiempo atrás e iniciar nuevamente mi vida laboral, sin pensarlo un segundo, volvería a ser parte de esta familia universitaria.
La cotidianidad del liderazgo bajo el cerco
—Dirigir una universidad en el escenario económico y social actual es una tarea titánica. ¿Cómo es el día a día de un rector en un contexto tan complejo? ¿Dónde encuentra las mayores satisfacciones entre tantos desafíos?
—Considero que, en las condiciones de Cuba, bloqueada y asediada, sometida a una guerra mediática desde hace tantos años, ningún Rector, en ninguna etapa desde el surgimiento del MES, ha tenido una situación «cómoda» para la gestión universitaria.
Hay quien considera que estos años han sido los más difíciles de la Revolución y no dejan de tener razón, porque las universidades no están ajenas al actual escenario económico y social tan complejo. Pero habría que preguntar a los fundadores de la Red de Centros de Educación Superior en qué condiciones iniciaron aquella histórica decisión de llevar la enseñanza superior a todo el país. Habría que preguntar a los rectores que enfrentaron el Período Especial cómo hicieron para que no se cerrara una universidad, o a los que tuvieron la dura misión de fundar y sostener el trabajo de las Sedes Universitarias Municipales y luego los Centros Universitarios Municipales. Estoy convencido de que para ninguno fue tarea sencilla.
En la actualidad, la vida de un Rector está condicionada por muchísimos factores que en su mayoría no dependen de las universidades, ni de nuestro Organismo Central, ni de los gobiernos provinciales. Todos los días hay que innovar, comprometer a los colectivos e incentivar, a veces sin mucho o nada que dar a la gente más que su salario insuficiente. Hay que tener liderazgo y ser ejemplo. Es necesario estar al frente de cada tarea y hacer que los cuadros en cada nivel asuman sus funciones con sentido de pertenencia y responsabilidad, arrastrando a los demás al cumplimiento de las metas en condiciones sumamente complejas.
En ocasiones llegamos a la Universidad con un plan del día y al terminar la tarde hicimos otra cosa totalmente distinta por las dinámicas que se nos presentan: que si no hay con qué cocinar, que si no hay combustible, que si quedan alimentos sólo para dos días, que si no hay presupuesto, la atención a la población… Es un sinnúmero de contingencias cotidianas. Esos asuntos, más las responsabilidades asociadas a la gestión de los procesos docentes, académicos, científicos, económicos y extensionistas, le completan el día y la noche, de lunes a domingo, a cualquier Rector cubano todos los días del año.
No podemos dejar de mencionar las responsabilidades que se nos asignan por las direcciones del Partido y el Gobierno en los territorios, que no son pocas, y por último, la atención a la familia, la educación de los hijos y nietos, y las tareas del barrio.
Un Rector o una Rectora tiene que serlo y parecerlo en cualquier escenario. Esa figura es admirada o cuestionada según la imagen y comportamiento que asuma ante la sociedad, ya sea dentro o fuera de la institución. Un Rector es una personalidad pública en su entorno y fuera de él, y esa condición hay que asumirla con total responsabilidad.
A pesar de todo ese aparente «agobio», satisface muchísimo llegar al final del día y ver que los retos se vencieron, que los problemas se solucionaron y que se avanzó para iniciar una nueva jornada. Satisface muchísimo ver el crecimiento de nuestros jóvenes profesionales hasta llegar a graduarse, el doctorado o la maestría defendida exitosamente, o ver materializado el proyecto internacional que tanto aporta al desarrollo del claustro y de la institución.
Nos hace feliz el premio de la Academia que obtienen nuestros investigadores, los resultados de los jóvenes profesores y estudiantes. Nos alegra infinitamente el criterio de la sociedad sobre el papel de la Universidad Cubana en cada territorio; aunque nos falta mucho por hacer, nuestras instituciones son altamente reconocidas por el pueblo y eso tiene un valor extraordinario.
Son muchos más los incentivos que las penas para dirigir una universidad cubana en la actualidad, lo digo con conocimiento de causa por los más de 12 años en la dirección de este complejo escenario. El éxito de un Rector en Cuba hoy depende, en buena medida, de su capacidad de asimilar y transformar ese cúmulo de adversidades. Dependerá del aporte de su equipo de dirección, de su claustro, trabajadores y estudiantes. Ellos son los verdaderos artífices del éxito de una institución de educación superior en nuestro país; son quienes la hacen avanzar o retroceder, y los rectores somos gestores, conductores y facilitadores de los procesos, además del deber de ser aportadores activos de los buenos resultados.
De «Cenicienta» a «Princesa»: El impacto en Vueltabajo
—Al triunfo de la Revolución, Pinar del Río no contaba con una universidad estable. Mirando el impacto histórico desde la fundación de los estudios superiores en 1972, ¿cuáles considera que son las principales contribuciones de la UPR al territorio?
—Al triunfo de la Revolución, Pinar del Río no tenía Universidad. Los escasos profesionales de nivel superior que tenía la provincia se habían formado fuera de ella. A mediados de los años 50 hubo un intento de crear la Universidad de Occidente y el proyecto fracasó.
El mayor impacto que ha logrado la Educación Superior en Vueltabajo, desde que en 1972 se funda la Sede Universitaria de Pinar del Río, adscrita a la Universidad de La Habana, ha sido la formación de más de 72 mil profesionales de nivel superior en el pregrado, tanto para nuestra provincia como para otras regiones del país a partir de varias carreras regionales que asumimos. En estos años hemos formado más de 400 Doctores en Ciencias, cientos de Másters y decenas de especialistas para la provincia, el país y el mundo.
Hemos gestionado y ejecutado cientos de proyectos de innovación-desarrollo, nacionales e internacionales. La universidad está presente en cada tarea que convoca la dirección del Partido y el Gobierno en el territorio, realizando una contribución significativa al Desarrollo Local. En este último tema tenemos un reconocido prestigio a nivel nacional, siendo líderes a partir de los resultados del Centro de Estudios de Dirección, Desarrollo Local, Turismo y Cooperativismo (CEGESTA).
Fuimos pioneros dentro del Sistema MES en la creación de una mediana empresa estatal de consultoría, ConsultoresUPR, que en estos años ha facilitado cerrar ciclo en la implementación de los resultados de la ciencia en el sector de la producción y los servicios en la provincia y otros territorios del país.
Hoy contamos con un mapa de 34 carreras que responden a los intereses del territorio, incluyendo los Centros Universitarios Municipales, que dan respuesta a las principales demandas de los gobiernos locales. Serían incontables los aportes de nuestra universidad al desarrollo de Pinar del Río en estos casi 54 años de la institucionalización de los estudios superiores en nuestra provincia.
Resumiendo, pudiéramos plantear que en Pinar del Río la universidad ha sido baluarte del desarrollo económico y social del territorio. Sin dudas, hemos contribuido con creces a convertir en Princesa la otrora Cenicienta de Cuba.
Resiliencia, compromiso y futuro
—Dentro de la sólida red de instituciones del MES, ¿qué es aquello que distingue y vuelve única a la Universidad de Pinar del Río?
—Nos distingue la contribución al desarrollo local desde la ciencia y la innovación. Es también increíble la capacidad resiliente de la comunidad universitaria de la UPR para recuperarnos de los golpes demoledores de la naturaleza que cada año nos provocan los huracanes, cada vez más devastadores.
Somos una universidad cuyo nombre simboliza el papel decisivo de los jóvenes, el valor y la entrega a una causa ofrendando hasta la propia vida si fuera necesario, como lo hicieron Luis y Sergio Saíz Montes de Oca. Si consideramos el actual contexto cubano, sumamente complejo, obtener la sede de las actividades centrales por el 26 de Julio constituye un orgullo y un inmenso compromiso para la universidad, teniendo en cuenta nuestra modesta contribución a este importante resultado.
—De cara al futuro inmediato, ¿cuáles son los desafíos metodológicos e internos que priorizará la UPR y qué mensaje envía a su comunidad en este aniversario?
—Continuar elevando la calidad de los procesos universitarios en medio de un escenario sumamente complejo es un altísimo reto para nuestra institución. Debemos priorizar la preparación del claustro con énfasis en los jóvenes, fortalecer la ciencia y la innovación, las relaciones interinstitucionales, el control interno y ser más eficientes en el uso de los recursos materiales y financieros. Es imprescindible mantener la unidad de los factores de la institución; es un asunto clave para sostener los buenos resultados y mantener el papel imprescindible de la FEU y la UJC en todo lo que hagamos.
Siento un inmenso orgullo y compromiso con la comunidad universitaria que he dirigido en estos años. No creo que los méritos sean de nadie en particular. Si hoy podemos considerarnos una universidad que ha avanzado, ha sido gracias al concurso de todos los miembros de nuestra comunidad sin excepción, cada uno desde el papel que le ha correspondido. Los tiempos que nos ha tocado compartir han sido complejos, sin embargo, avanzamos.
Mi mensaje entonces es de optimismo, de no rendirnos y continuar haciendo educación superior de calidad en Pinar del Río, de continuar siendo ¡SENDA PARA ESTE TIEMPO!
Más noticias
