José Balsinde Herrera: «El espíritu de la universidad cubana actual se define desde la extensión»

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Chequeo de la XIV Universiada Nacional en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, sede del evento. De frente a la derecha el M.Sc. José Balsinde Herrera.

La universidad no cabe en un aula. Es un organismo vivo, una plaza en efervescencia, un proyecto en el corazón de un barrio vulnerable. Para el M.Sc. José de la Caridad Balsinde Herrera, Director de Extensión Universitaria del Ministerio de Educación Superior (MES), esta no es una teoría de manual, sino una certeza esculpida a lo largo de 48 años de trayectoria profesional.

En el marco de las celebraciones por el 50 Aniversario del MES, adentrarse en la memoria de Balsinde es recorrer la evolución de un proceso que, más allá de lo académico, define el espíritu de la educación superior en la Isla.

Su historia con el sector comenzó formalmente en 1978, cuando se graduó en el Instituto Superior de Cultura Física «Manuel Fajardo». Sin embargo, el idilio con la pedagogía y el movimiento social ya había echado raíces un año antes, cuando se desempeñaba como profesor de Educación Física y jefe de departamento en el Instituto Superior Pedagógico de Lenguas Extranjeras (ISPLE)

«Mi formación profesional está ligada por entero a la Cultura Física», evoca con la precisión de quien atesora cada paso. «En 1987 me incorporé como metodólogo de la Dirección de Formación de Personal Pedagógico del MINED, trabajando de cerca con los Institutos Superiores Pedagógicos en lo que, a la postre, sería la base de la extensión: los estudios del deporte, la Educación Física y las manifestaciones culturales».

Un año después de ese desembarco metodológico, en 1988, Balsinde se convirtió en uno de los fundadores del Consejo Nacional del Deporte Universitario. Desde entonces, su brújula no ha cambiado de norte. Al mirar el camino recorrido, sostiene una máxima que desmitifica la extensión como una simple agenda de actividades extracurriculares:

«He dedicado toda mi vida profesional a esto, pues la extensión universitaria se desarrolla siempre que se esté en un entorno educativo, aunque no lo sepamos. Es una herramienta insustituible y poderosísima para la formación de los estudiantes, sobre todo por su capacidad de motivación y de transformación».

La universidad en fiesta y el pulso del barrio

Quien ha vivido la educación superior cubana sabe que los Juegos Interfacultades y los Festivales de Artistas Aficionados de la FEU no son meros pasatiempos. Son el alma de la institución. Balsinde recuerda esos picos de efervescencia con la pasión de un eterno participante. Para él, el centro de este proceso reside justamente en los proyectos culturales, deportivos y comunitarios.

«Las experiencias del sistema deportivo universitario, en particular los Juegos Interfacultades, donde se desenvuelve toda la comunidad y se vive una pasión sin igual, convierten a la universidad en una gran fiesta».

Ese mismo orgullo aflora cuando menciona la calidad del movimiento de artistas aficionados, evocando a agrupaciones insignias que han marcado hitos en el panorama cultural de la nación, como Teatro Universitario de la Universidad de La Habana y las emblemáticas agrupaciones danzarías “Jagüey” de la Universidad de Guantánamo, Nuestra América y Maraguán de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas y la Universidad de Camagüey respectivamente.

Cinco décadas de metamorfosis conceptual

La crónica de la extensión universitaria en Cuba es también la crónica de la resistencia y la adaptación del país. En estos 50 años del MES, el concepto se ha transformado al compás de los desafíos sociales, económicos y políticos de la Revolución. Balsinde desglosa esa metamorfosis con la claridad de un historiador que vivió el proceso en carne propia.

En las décadas de 1970 y 1980, el enfoque era fundamentalmente de promoción cultural: música, teatro, talleres y tareas de alfabetización. Pero los años 90 y el Período Especial obligaron a un giro de timón hacia el acompañamiento directo de las comunidades, impulsando de forma temprana la soberanía alimentaria y el desarrollo local.

El gran catalizador, sin duda, fue la universalización de la educación superior con la llegada de las sedes universitarias municipales.

«La extensión universitaria dejó de ser una actividad puramente extracurricular y se incorporó al campo de la práctica profesional comunitaria en áreas como el trabajo social, la medicina, la agronomía y el resto de los perfiles académicos».

A este despliegue territorial le siguió un necesario proceso de institucionalización y profesionalización, con la creación de las Direcciones de Extensión Universitaria (DEU) en todos los centros universitarios del país. Ya en la última década, el proceso abrazó la transformación digital. A partir de 2010, plataformas como la Red de Extensionistas y el uso de entornos virtuales como Moodle y las redes sociales acortaron distancias, permitiendo conectar con comunidades rurales e integrar a los actores locales; un escenario híbrido que la contingencia de la pandemia de la COVID-19 terminó por acelerar.

Hoy, la extensión no es un apéndice de la academia; está alineada con los programas de prevención, desarrollo local y las estrategias de sostenibilidad del país. Los proyectos integrales de atención al barrio y la conservación de su biodiversidad sustentan la pertinencia de la universidad actual e impactan directamente en la calidad de vida de la población.

Una dimensión más amplia de la cultura

Para el Director nacional, el éxito de la formación integral de los futuros profesionales radica en no parcelar el conocimiento. Al hablar del rol de la cultura y el deporte, exige una mirada despojada de reduccionismos.

«No podemos ver a la cultura en su acepción estrecha, sino en su más amplia dimensión: como valores, conductas, saberes, identidad y compromiso social».

El protagonismo estudiantil en estas áreas es lo que verdaderamente dota de civismo y sensibilidad al profesional que Cuba necesita. Por eso, al arribar a este medio siglo de existencia del Ministerio de Educación Superior, el mensaje de Balsinde no se queda en los marcos formales de un despacho institucional. Su felicitación trasciende a los especialistas para abrazar a la nación.

«Si bien hay un grupo apreciable de profesionales que se dedica por entero a la extensión universitaria, el mensaje de gratitud y reconocimiento por todo lo que se ha alcanzado en este proceso durante estos 50 años debe dirigirse a toda la comunidad universitaria y, de manera muy especial, al pueblo cubano, que es el verdadero protagonista y destinatario de nuestra labor».

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