Fidel en la educación

Fidel en la Educación Superior

Fidel siempre universitario

Fue el 4 de septiembre de 1945 cuando el joven Fidel Castro Ruz ascendió la escalinata de la Universidad de La Habana, para comenzar estudios en la carrera de Derecho. Se destacó como dirigente estudiantil y representante de la juventud del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo). Las experiencias de su vida universitaria le «sirvieron para la larga y difícil lucha que emprendería poco tiempo después como martiano y revolucionario cubano». [1]

Desde que se graduó como Doctor en Derecho Civil y Licenciado en Derecho Diplomático en 1950, luchó sin tregua contra la corrupción y el gangsterismo, las reivindicaciones estudiantiles y la defensa de diversas causas justas ya en su condición de abogado. En esa etapa el gobierno de Carlos Prío Socarrás (1948-1952) incrementó la represión, clausuró programas de radio, cerró periódicos, asaltó sindicatos y se hundía en la corrupción.

Contra esos abusos se proyectó el Partido Ortodoxo, organización política de masas donde participaban campesinos, obreros y pequeñoburgueses. Su líder político Eduardo René Chibás Rivas alcanzó gran arraigo popular por su incansable denuncia contra la corrupción imperante en el país. El 10 de marzo de 1952 —dos meses antes de las elecciones y cuando los ortodoxos eran favoritos para ganar la presidencia de la república— Batista rompió el orden constitucional con un golpe de Estado. Comenzaría la más sanguinaria tiranía sufrida por el país y una de las más repulsivas de la historia de América Latina y el Caribe. Recibió el apoyo incondicional de los gobiernos de Estados Unidos, tanto del saliente Harry S. Truman (1945-1953), como del sucesor Dwight Eisenhower (1953-1961).

A solo unas horas del cuartelazo, Fidel denunció públicamente su carácter dictatorial, el que calificó de zarpazo contra el pueblo. Consideró que las vías legales para la lucha estaban agotadas. Un grupo de jóvenes abandonó las filas ortodoxas y liderados por él, prepararon las condiciones para desencadenar la insurrección popular y la Revolución nacional liberadora. Comenzó la organización de un movimiento revolucionario, al que se unieron otros obreros, empleados y estudiantes.

El destacamento que logró nuclear sumaba mil doscientos seguidores. Desde los locales del Partido Ortodoxo en la capital, organizó los entrenamientos militares. Con ciento sesenta de ellos concibió, organizó y dirigió, los asaltos a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, el 26 de julio de 1953, año que se cumplía el centenario del nacimiento de José Martí.

El movimiento revolucionario de la década del cincuenta fue consecuencia de un proceso originario, donde la conciencia política de los sectores sociales que participaban iba en ascenso. El pensamiento y acción de las luchas de 1868, 1895 y 1933 como máximos exponentes de la liberación nacional, se interrelacionaron con las ideas de Marx y Lenin, como teoría científica para interpretar los problemas del país y fundamento esencial de la liberación social.

En esa época la mayoría de la población cubana vivía en la pobreza. De algo más de seis millones de habitantes, tres millones quinientos mil vivían en cabañas y barracones, sin las menores condiciones de habitabilidad; más de seiscientos mil con aptitudes para el trabajo no tenían empleo; tres millones de personas no disfrutaban de luz eléctrica; treinta y siete y medio por ciento de la población era analfabeta, o sea, no sabía leer ni escribir; setenta por ciento de los niños en las zonas rurales no tenía maestros y el noventa y cinco estaba afectado de parasitismo. La mortalidad en este grupo etario, era muy alta y el promedio de vida muy bajo; el dos por ciento de los habitantes padecía de tuberculosis. [2]  

En lo social existían desigualdades extremas y un virulento racismo. Las playas y otras instalaciones públicas estaban segregadas, los negros no podían entrar. Los descendientes de africanos, que constituían casi la mitad de la población, tenían los peores empleos y se veían impedidos de ascender en la escala social dada la injusta distribución de las profesiones.

La dependencia política y económica de Cuba a Estados Unidos era total. Las principales decisiones de política interna y externa del gobierno cubano tenían el visto bueno del embajador norteamericano en La Habana. Los monopolios estadounidenses eran dueños de los servicios públicos, compañías eléctricas y telefónicas, una gran parte de la banca, de la industria azucarera, del comercio de importación, las refinerías de petróleo, las mejores tierras de la Isla y las industrias más importantes. La cúpula de la tiranía había sustraído cientos de millones de dólares del tesoro público y fueron depositados en los bancos estadounidenses o europeos.

Desde muy temprano Fidel comprendió el papel y lugar que ocupaba la isla caribeña en el sistema de relaciones internacionales, al abrazar la idea martiana «de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América». No fue casual que declarara a Martí como autor intelectual de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

En su alegato de autodefensa que trascendió como «La Historia de absolverá», pronunciado por Fidel el 16 de octubre de 1953, en la penúltima vista del juicio seguido en Santiago de Cuba contra los acusados de haber participado en las acciones combativas, confesó su fe martiana que predicaría durante toda su vida revolucionaria: «traigo en el corazón las doctrinas del Maestro». Consecuente con ese ideario lanzó el compromiso de la Generación del Centenario de que «primero se hundirá la Isla en el mar antes que consintamos en ser esclavos de nadie», y acto seguido sentenció:

«Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!». [3]  

La gesta del Moncada marcó el inicio de la última etapa de las luchas por la independencia de Cuba, que culminó 5 años, 5 meses y 5 días después con el triunfo de la Revolución, el 1º de enero de 1959. Ese día su líder y Comandante en Jefe del Ejército Rebelde, en el discurso que pronunció en Santiago de Cuba resaltó el ejemplo alentador que representaba el trascendental acontecimiento para todo el continente americano, que «vela por el curso y el destino de esta Revolución». Fidel estaba consciente de las potencialidades de los cubanos y la posición de vanguardia que podría alcanzar con su emancipación, que «bien merece convertirse en uno de los primeros pueblos del mundo, por su inteligencia, por su valor, por su espíritu». [4]  

En ese empeño se consagró Fidel desde los primeros años del proceso revolucionario. La inmensa mayoría de los cubanos se sumó a la causa encabezada por un líder que enarbolaba la verdad como principal arma frente a los enemigos de su pueblo, que en vez de hacer promesas demagógicas advertía, desde el primer discurso en La Habana, que quizás en lo adelante todo sería más difícil.  

Para avanzar en el desarrollo de la nación se requería reformar la Universidad. Fue Fidel el promotor principal de aquella trascendente reforma universitaria iniciada oficialmente en 1962, pero que ya, desde el mismo 1959, se iniciaba el proceso de universalización y comenzaba sus primeras proyecciones, que introdujo en el campo teórico y práctico concepciones completamente nuevas y revolucionarias sobre la educación superior.

Se inició entonces una revolución universitaria sui generis que superaba, medida tras medida, los conceptos fundadores de la reforma. Al desaparecer los grupos corruptos de poder dominantes en la Cuba prerrevolucionaria, la elección de los rectores y otros directivos dejó de responder a mezquinos intereses políticos y solo los méritos, capacidades y compromiso con el pueblo comenzaron a decidir su aprobación. Después se fue perfeccionando esta selección, la cual es casi siempre resultado de estudios de liderazgo en la comunidad universitaria, respaldada por una demostrada ejemplaridad y capacidad. [5]

 

Ante la tendencia de crecimiento y la importancia estratégica del desarrollo universitario, Fidel impulsa la creación del Ministerio de Educación Superior, el 19 de julio de 1976. Desde entonces se logró la unidad de acción de los centros de educación superior en todo el país y se inició una profunda reestructuración de la enseñanza universitaria.

En las décadas vividas se han implementado importantes transformaciones en la Universidad Cubana para lograr niveles superiores de eficiencia y calidad. El país cuenta con una red de universidades y entidades de ciencia e innovación tecnológica, comprometidos con el proyecto social cubano, que impulsan y se comprometen con la construcción del socialismo próspero y sostenible.

Fieles al legado de Fidel, se forman profesionales integrales, con profundo sentido humanista, competentes, cultos, portadores de nuestros valores y comprometidos con la Patria. Cuenta con un claustro revolucionario y de excelencia, con trabajadores consagrados y competentes, y con estudiantes que están hoy en la primera línea de las tareas de impacto sociales y económicas que demanda la nación cubana.

El Ministerio de Educación Superior dedica su 45 Aniversario al cumpleaños 95 de Fidel siempre universitario, quien pensaba y actuaba por el hoy y el mañana de nuestra Patria cuando señaló:

«Nos faltan muchas cosas, entre otras porque resistimos, porque no existe lujo para explotadores; porque hoy estamos dedicados al trabajo creador y a forjar el futuro».[6]

Fuentes:

[1] Fidel Castro Ruz: La Victoria Estratégica, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2010, p. XXXIV

[2] Véase Fidel Castro Ruz: Discurso en el XV período de sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, Nueva York, 26 de septiembre de 1960, disponible en http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1960/esp/f260960e.html 

[3] Fidel Castro Ruz: La Historia me Absolverá, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p. 89.

[4] Fidel Castro Ruz: Discurso pronunciado en el Parque Céspedes de Santiago de Cuba, el 1ro. de enero de 1959, en: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1959/esp/f010159e.html

[5] José Ramón Saborido Lodi: «Universidad y desarrollo sostenible. Visión desde Cuba». Conferencia Inaugural del Congreso Internacional de Educación Superior: Universidad 2020. 10 de febrero de 2020.

[6] Fidel Castro Ruz: Discurso pronunciado en la celebración del tercer aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución, el 28 de septiembre de 1963, en: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1963/esp/f280963e.html

 

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